miércoles, febrero 16, 2005

La honradez del trabajo

Un compañero de trabajo se acaba de comprar un piso, y está de papeleos con la hipoteca y demás. Esto me ha abierto las puertas a la meditación sobre la honradez de un trabajo.

Yo, por el momento, no sobrevivo gracias a mi sueldo (menos mal, sino no iba a poder pagar la reparación del coche accidentado hace dos semanas). Por eso, hasta ahora no me he dado cuenta de la satisfacción que produce el simple hecho de sobrevir tecleando líneas de código. Al final todo se reduce a lo mismo. Yo tengo un coche que ha salido de las líneas de código que he tecleado. En un futuro tendré una casa, quizás una familia (ojalá pueda mantenerme al margen de lo de crear una familia, aunque con esto de que se cambia con la edad ya no lo tengo nada seguro), todo ello edificado creando cosas.

Como ya expliqué en un post anterior, me he dado cuenta de que mi trabajo me permite trabajar de la manera que siempre había deseado: sentado en una cómoda silla, en un ambiente con clima artificial (llámese oficina), delante de una ventana al mundo y dentro de un ejercicio intelectual continuo.

Hasta hace un par de semanas, no me había dado cuenta de la suerte que tengo. Ahora no me perdono ese error. Yo siempre he sido un inconformista, nunca me ha gustado el objetivo una vez conseguido, así que he tenido que complacerme en disfrutar del camino hasta el objetivo, para, una vez conseguido buscar otros caminos para emprender hacia nuevos objetivos. Desde que pasé lo del estómago (la primera caída), he meditado sobre lo que yo deseaba cuando empecé la carrera de informática y lo que he conseguido. Llego a la conclusión de que he conseguido lo que deseaba. Agilizo y entreno la mente a diario, y mi máximo esfuerzo físico durante ese período es mover las manos sobre el teclado o desplazar el ratón. Es la aproximación más perfecta que conozco de trabajar con el puro intelecto (Lo ideal sería poder interconectar el sistema nervioso al ordenador, como en Shadowrun-Cyberpunk. Así no habría necesidad de mover ninguna parte del cuerpo, sólo el pensamiento. Paciencia, todo se andará).

Básicamente, cada día desde que decidí asumir que soy y que seré programador (léase analista-programador, analista, ingeniero de software, etc...) le encuentro más cosas buenas y atractivas. Esto es debido a que el conformismo me invade a medida que la rebeldía va desapareciendo. Esto no se si será bueno o malo, pero lo que si se es que así vivo mejor, y que todos los soldados necesitan algún descanso entre dos guerras.